El Minero Que Anunció Su Muerte

19 mar, 2013

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Por: Carlos López Gámez

(Hechos ocurridos por la calle del Codo)

Así me lo contaron…Ocurrió por los veintes, cuando la bonanza minera en Fresnillo atrajo la atención de mucha gente que buscaban afanosamente ser trabajadores de las minas por ser un empleo entonces “bien pagado”.
Vinieron de todas partes del país, y de otros. Fue cuando llegaron los gringos de la The Mexican Corporation a las Minas del Cerro de Proaño. Los de la The fresnillo Company habían empezado en Los Jales de Santa Ana.
Mi abuelo de nombre Juventino, fue uno de los mineros contratado por los “güeros”, él era de Guanajuato. Dicen que era de los buenos para sacar metal por eso le pagaban hasta en dólares. Con lo que ganaba logro hacer su casa por la calle de Codo, tenía un zaguán, sala, recámara, varios cuartos, cocina con fogón, patio y corral; hasta su noria. Desde sus grandes ventanales se miraba el cerro, se veía enorme porque había pocas casas por el rumbo.
En ese tiempo era común que los obreros más calificados cubrieran hasta dos turnos, lo cual representaba para la empresa seguridad en la extracción del mineral de buena ley. Para el obrero le correspondían jugosas ganancias por el tiempo extra… Pues bien, uno de esos días sucedió lo que mi abuelo me contó.
Resulta que, una oscura noche, mi abuelo se dirigía a su casa luego de salir del turno de seguridad. Recorría a pie las polvosas calles y callejones, cuya iluminación era a base de focos que la compañía minera instalaba en las esquinas.
Siempre se hacían acompañar varios obreros por seguridad, el grupo se iba desgranando conforme cada quien iba llegando a su morada… Mi abuelo fue el último de ese grupo, el resto ya había llegado a su casa por el rumbo de la Barreno. Otros más iban a la calle del sulfato o hasta la colonia del Patrocinio (Esparza)… como les decía, mi abuelo tenía su casa por el Codo.
Bueno… Cuando me contó el abuelo su experiencia, lo veía muy emocionado, a lo mejor se ponía nervioso… Era como si volviera a vivir lo que le pasó esa noche. Su voz se le encontraba entrecortada… Esa noche, cuando llegaba a su casa, lo hizo de manera apresurada. Llegó agitadísimo, platicaba mi abuela Sofía…Y, decía: “Que así se ponía cuando ocurría algún accidente en la mina”. Es más mi abuela llegó a creer que hasta se había emborrachado.
Después supe el origen de su alteración.
Un día antes después de esa inquietante noche, mi abuelo llego a su hogar muy tranquilo luego de haber terminado su jornada laboral y le platicó a su esposa que había encontrado un minero de nombre Jacinto que le pedía, mejor dicho le suplicaba que: “avisara a sus familiares de su muerte…” Como era de esperarse mi abuelo no le hizo caso y hasta pensó que Jacinto andaba tomando o quizá marihuano.
Decía Don Juventino que había visto muy raro a Jacinto, que hasta lo notó muy pálido, como si anduviera gaseado y lleno de raspones en las manos. Creía que se había caído por la borrachera que se cargaba. Durante la noche no pudo conciliar el sueño, pues creía ver en todos los rincones a Jacinto pidiéndole que avisara a sus familiares de su muerte.
Finalmente llego la luz del siguiente día…Mi abuelo se dirigió a su trabajo para cubrir los turnos convenidos. Antes se dirigió, dijo que por “mera curiosidad” a la casa de Jacinto, por el rumbo de Sulfato… Al llegar a ella por poco se desmaya. Escuchó lastimeros gritos, las mujeres lloraban desconsoladamente, los niños también; mucha gente lo hacía.
Ante sus incrédulos ojos veía a muchas personas corre de un lado a otro. Llevaban flores, otros rezaban, otros mas sollozaban y apenas se oía lo que hablaban. Pero el escucho claramente lo que decían, lo cual lo hizo estremecer. Todos los presentes lamentaban la muerte de Jacinto. Ayes de dolor flotaban en el aire y se veían caras tristes por todos lados. Giraban en torno al camastro sobre el cual yacía Jacinto sin vida. Había muerto en un accidente en uno de los socavones de la mina al empezar el turno de tercera.
El accidente ocurrió casi la misma hora en que mi abuelo dice que se encontró a Jacinto. Decía que nunca se le olvidaría esa triste noche y mucho menos las siguientes luego de comprobar que el minero le anunció su muerte casi al mismo instante en que sucedieron los trágicos hechos en uno de los socavones del Cerro de Proaño.
Además, me platicaba muy serio: “hay veces, al regresar de la chamba, como que Jacinto anda tras de mi con las plegarias”. Otros trabajadores también han dicho que lo han visto por esas calles durante las noches buscando quien le haga el favor de “Avisar a sus familiares de su muerte”…

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